Desde que que tenemos la sensación de que está ocurriendo algo a nuestro alrededor, hasta que lo comprendemos, le damos significado y respondemos, suceden muchos cambios en nuestro sistema nervioso. El resultado de todo ese proceso son los patrones de respuesta emocional, cuya finalidad es la adaptación a nuestro entorno.

Este mecanismo de respuesta es fruto de miles de años de evolución. Comprender las distintas fases por las que transcurre nuestra experiencia con el entorno, y aprender a gestionar nuestras emociones nos ayudará a conocernos mejor a nosotros mismos, dotándonos de mejores herramientas para afrontar los problemas del día a día, mejorando así nuestro bienestar y calidad de vida.

A continuación, expongo en tres niveles diferentes las fases que experimentamos al relacionarnos con nuestro entorno:

Primer nivel: el cerebro emocional (sistema límbico)

La estructura más primitiva y más antigua de nuestro encéfalo, seguida del tronco-encéfalo, es el sistema límbico.

En el sistema límbico es donde llegan las primeras señales del exterior a nuestro cerebro, transformándolo en sensaciones y emociones. Son estas sensaciones y emociones las encargadas de transmitirnos el mensaje y de hacer que reaccionemos de manera adecuada.

Sensaciones

La vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto son los canales de contacto entre nuestro entorno y nosotros. Las personas nos relacionamos con el exterior a través de estos sentidos. Son los instrumentos con los que interpretamos nuestro entorno.

Así pues, las sensaciones son percepciones de cambio y/o desequilibrio, pero no todas las personas reaccionamos igual ante un mismo evento: nuestros intereses y la infinidad de variables que interactúan entre nosotros y el entorno determinará el grado de implicación, y por lo tanto de cambio y/o desequilibrio.

Dicho en otras palabras, no a todo el mundo le afecta de igual manera una misma situación: lo que para una persona puede ser terrible, para otra puede ser simplemente molesto, o incluso percibirlo como algo no desagradable. Esto es debido a las diferencias individuales y a la interpretación de la situación que hace cada individuo.

Emociones

La emoción supone una interpretación subjetiva del entorno. Es una reacción al ambiente que viene acompañada de cambios fisiológicos (ruboración, aceleración del pulso cardíaco, dilatación de las pupilas, liberación de hormonas como la adrenalina, etc.).

Esta es una respuesta inmediata e inconsciente: no hemos razonado de manera lógica acerca de ello. Es una valoración automática del entorno que determinarán la interpretación de cómo y cuánto afecta lo acontecido a nuestro bienestar, preparándonos así para responder ante dicho suceso.

Segundo nivel: procesamiento de la información (neocórtex o corteza prefrontal)

El procesamiento de la información que recibimos del exterior se produce en la corteza prefrontal, que es, en términos evolutivos, la parte más nueva de nuestro cerebro.

Esta área es la encargada de procesos complejos como tomar decisiones, expresar opiniones, sentimientos o nuestra personalidad. También se encarga de adecuar nuestro comportamiento al entorno. En definitiva, es la parte del cerebro con la que ponemos en marcha nuestro razonamiento y es la que más nos diferencia del resto de animales.

Sentimientos

Los sentimientos son estados afectivos más duraderos y estables que las emociones. Supone darse cuenta de lo experimentado en el nivel anterior y comportarse de manera que se facilite o se dé la solución/respuesta más adecuada. En este nivel, estamos dándole un significado a las emociones, transformándolas en un sentimiento.

Si me asusto por ver un oso (emoción), porbablemente mi respuesta será de miedo (sentimiento), que me llevará a actuar de tal manera que me pueda poner a salvo (ataque o huida).

Tercer nivel: esquemas o patrones mentales

Los esquemas mentales son patrones de pensamiento arraigados en nuestro cerebro. Son estables y duraderos, y se modifican o refuerzan según los aprendizajes y experiencias que cada persona tiene durante toda su vida.

Estos esquemas se forman desde la infancia, y cada vez que experimentamos algo nuevo se produce una asimilación de la información y acomodación con la que teníamos anteriormente.

El resultado de esta asimilación y acomodación genera nuevas creencias y prejuicios. Si estas creencias y prejuicios son lógicos y adaptativos, nos ayudarán a tomar decisiones acertadas; por el contrario, cuando son irracionales, nos perjudicarán a la hora de interpretar nuevas situaciones.

Patrones de respuesta emocional

Los patrones de respuesta emocional son respuestas aprendidas ante ciertos estímulos o situaciones. Es el resultado de todas las fases vistas anteriormente.

Estos patrones son hábitos de respuesta, cuya finalidad es asegurar nuestro bienestar, bien sea ahorrando recursos cognitivos o evitando riesgos. El problema se da cuando estos patrones de respuesta emocional no han evolucionado o son inadaptativos.

El refuerzo que podemos obtener al mantener de manera inconsciente estos patrones emocionales inadaptativos o inadecuados es la atención de los demás o la evitación de experimentar ansiedad o sentimientos negativos, aprendiendo erróneamente que experimentar este tipo de sentimientos es el problema, cuando realmente la función de estos es ayudar a responder de manera adecuada al entorno.

Cambiar patrones de respuesta emocional inadecuados

Un patrón de respuesta inadecuado generará sentimientos secundarios desagradables, como pueden ser el resentimiento o la frustración. Para modificar estos patrones desadaptativos, debemos identificar la emoción principal, para después poder gestionarla y entender qué nos quiere decir. De esta manera podremos construir un sentimiento apropiado que nos conduzca a responder adecuadamente al entorno.

 

Espero que este artículo haya sido de tu interés. Estaré encantado de responder cualquier duda que te haya surgido con la lectura del mismo. Si quieres información sobre mis servicios de terapia de adultos estaré encantado de atenderte.

Eduardo Bertomeu

Psicólogo