Cuando buscamos ayuda psicológica profesional, muchas veces nos asaltan dudas acerca de qué profesional escoger, sobre todo si no tenemos referencias o recomendaciones fiables. Por ello es importante tener en cuenta las actitudes incorrectas del psicólogo, entre otros aspectos, que pueden denotar que cierto profesional de la psicología no está ejerciendo bien su labor.

Hoy en día la psicología tiene mejor aceptación, pero sí que es cierto que como profesión sanitaria es relativamente reciente, lo que puede producir un desconocimiento general sobre cómo funciona y qué podemos esperar de la terapia psicológica.

Principales actitudes incorrectas del psicólogo

Existen diferentes corrientes psicológicas (psicología cognitiva, psicología del pensamiento, psicoanálisis, psicología cognitivo-conductual, Gestalt, etc.). Todas tienen como finalidad intervenir en la prevención y mejora del bienestar y la salud mental del paciente, y pese a que hay diferencias en la metodología de trabajo entre ellas, todas deben cumplir unas pautas que garanticen la buena labor como psicólogo.

A continuación, menciono las que considero a mi juicio las actitudes incorrectas del psicólogo más importantes:

Utilizar un lenguaje demasiado técnico

Un psicólogo debe adecuar su lenguaje al nivel cultural y edad del paciente. En nuestro día a día no hablamos de la misma manera a un niño de 4 años que a un hombre de 50, y tampoco hablamos igual a un amigo que a un jefe o compañero de trabajo. El motivo por el que se debe evitar un lenguaje demasiado técnico es que se pierda información por el camino, o que el paciente crea que no es suficientemente inteligente como para comprender lo que le están diciendo.

Realizar preguntas cerradas

La terapia psicológica es un espacio de reflexión, de cuestionarse acerca de las emociones que experimentamos, de cómo afrontamos los problemas de nuestro día a día, de qué nos decimos a nosotros mismos (diálogo interno).

Si un psicólogo utiliza constantemente preguntas cerradas de tipo “¿te has sentido culpable al haber hecho eso?”  o “¿piensas que consumir drogas es malo?” no permite que el paciente pueda expresare con sus propias palabras ni reflexionar, además de que puede sentirse como en un interrogatorio.

Subestimar los problemas del paciente

¿A todos nos afecta por igual llegar 5 minutos tarde a un evento, tener una discusión acalorada con un compañero, o estar en un atasco? Seguramente pensarás, como yo, que no. Esto es debido a que cada individuo tiene una personalidad diferente, con sus miedos, fortalezas y creencias. Por lo tanto, a cada uno le afectará de diferente manera una misma situación.

Si un psicólogo estima que carecen de importancia, estará obviando parte del problema -o de la explicación del problema- y por consiguiente su evaluación y tratamiento se establecerá sobre unas premisas erróneas.

Realizar juicios de valor

Queramos reconocerlo o no, todos tenemos prejuicios, pero un profesional sanitario debe dejar a un margen dichas ideas preconcebidas para tratar al paciente de la mejor manera posible, garantizando una atención profesional con unos mínimos de calidad.

¿Qué pasaría si un juez o un cirujano se dejase llevar por sus prejuicios cuando está ejerciendo su profesión? Que esto pueda ocurrir en algunas profesiones o profesionales – y ocurra- no quiere decir que sea lo normal, y mucho menos deseable.

Emplear expresiones como “todo va a salir bien” o “no se preocupe por nada”

Utilizar expresiones de este tipo pueden tener un buen propósito, pero ¿qué le estamos transmitiendo al paciente? ¿Que tenemos la solución a todos los problemas, muerte, accidentes o discapacidades incluidas? ¿Que podemos ver el futuro y por lo tanto sabemos que todo va a salir bien?

La función del psicólogo no es hacer milagros, o que la persona no sufra, sino que se preocupe por lo que realmente tenga sentido preocuparse y que este sufrimiento sea lo más sano posible y se canalice correctamente.

Generalizar con el fin de disminuir la ansiedad del paciente

¿De qué te sirve saber que no eres el único que tiene miedo a salir de casa? Quizá le puede servir a algunas personas a comprender que su problema no es un caso único, y que, al haber existido problemas como el suyo, se ha podido investigar para encontrar tratamientos eficaces. Pero esta generalización no ayuda a comprender por qué esa persona tiene un problema, y qué puede hacer para solucionarlo.

Favorecer la actitud pasiva del paciente

Algunos de mis pacientes, al inicio del tratamiento me han comentado experiencias con otros psicólogos de tipo “sentía que sólo iba a su consulta a hablar, pero no me decía mucho acerca de mis preocupaciones o problemas”. Un psicólogo no sólo escucha (la escucha activa es una cualidad muy importante del psicólogo), sino que debate creencias irracionales, induce al paciente al diálogo, opina, sugiere, y en definitiva participa activamente.

Dar consejos sin haber evaluado y comprendido el problema

Existen muchos artículos en los que puedes encontrar que un psicólogo no está para dar consejos, pero generalmente pocos te dicen por qué. Otra de las actitudes incorrectas del psicólogo es decirle a un paciente de manera rotunda lo que tiene que hacer. Esto casi nunca es la opción más terapéutica, y también puedes estar cometiendo un error, por eso no se debe decir al paciente cómo tiene que arreglar sus problemas, sino más bien poner de manifiesto sus recursos para que pueda abordar mejor el problema, o animarle a que asuma sus responsabilidades, lo que conllevará que se responsabilice y que sienta que está participando activamente en la solución del problema.

Abandonar el seguimiento

El tratamiento psicológico no acaba cuando el paciente ha conseguido reestablecer su salud y llevar una vida normal, sino que hay que prevenir las recaídas y supervisar que las estrategias y herramientas adquiridas o mejoradas en terapia siguen siendo efectivas en el día a día del paciente.

Las sesiones de seguimiento pueden hacerse más espaciadas en el tiempo que durante el tratamiento. Por ejemplo, cada 6 meses, aunque dependiendo del caso, podrá necesitarse más o menos periodicidad.

 

 

Espero que este artículo haya sido de tu interés. Te invito a que comentes tu valoración. Estaré encantado de responderte y aclarar cualquier duda que te haya podido surgir.

Eduardo Bertomeu,

Psicólogo

Algunas fuentes consultadas:

-Giordani, B. (1997). La relación de ayuda: de Rogers a Carkhuff (No. Sirsi) i9788433012104).

-Fernández, R. P. (2013). Bermejo, José Carlos, introducción al counselling (relación de ayuda), Sal Terrae, Santander 2011, 184 pp. Sal terrae: Revista de teología pastoral101(1175), 193-195.